martes, 12 de noviembre de 2013

ESTOS DÍAS






Si. Sigo aquí. Esperando. En reposo. Simón está un poco pequeño para su edad. Tienes que comer más, me dicen. Y yo como. Y duermo. También sigo tejiendo mientras se acerca cada vez más el día. Y veo pelis, y leo todo lo que puedo. Antes estaba más nerviosa, pero a medida que se acerca el momento voy tranquilizándome y pensando menos en ello y más en un poco más allá. ¿Cómo será su adaptación al mundo? Todas las madres queremos lo mejor para nuestros pequeños y todas proyectamos un millón de cosas que guardamos dentro de nosotras. No todas esas cosas son tan buenas, pero es el lugar donde le tocará crecer y vivir y convertirse en persona. Lo más importante ocurre en los primeros momentos, en los detalles más insignificantes, en aquello en lo que no nos damos cuenta. En esta casa, con esta madre y este padre, en Madrid, en esta cuna de rafia, con estos abuelos y una gata, con todo esto y un millón de cosas más va a nacer este pequeño, nuestro pequeño. Deseo que  encuentre un mundo lo más acogedor posible. Un mundo amable lleno de amor.

Leo "Informe del interior", un libro donde Paul Auster a sus 66 años reflexiona acerca de su  infancia, de su yo niño, y profundiza en todos los recuerdos que han hecho de él el escritor y la persona que ha llegado a ser:

"Al principio todo estaba vivo. Los objetos más pequeños estaban dotados de corazones palpitantes, y hasta las nubes tenían nombre. Las tijeras caminaban, teléfonos y cafeteras eran primos hermanos; ojos y gafas, hermanos. El reloj tenía cara humana, cada guisante de tu plato poseía una personalidad diferente, y en la parte delantera del coche de tus padres la rejilla era una boca sonriente con numerosas piezas dentales. Los lápices eran dirigibles; las monedas, platillos volantes. Las ramas de los árboles eran brazos. Las piedras podían pensar, y Dios estaba en todas partes.

No era difícil creer que el hombre de la luna era un hombre de verdad. Veías cómo te miraba por la noche desde el cielo, y no cabía duda de que era la cara de un hombre. Poco importaba que aquel ser no tuviera cuerpo: en lo que a ti se refería seguía siendo un hombre a pesar de todo, y la posibilidad de que existiera una contradicción en todo aquello no se te pasó una sola vez por la cabeza. Al mismo tiempo, era perfectamente verosímil que una vaca fuese capaz de saltar sobre la luna. Y que un plato saliera corriendo con una cuchara.

Tus pensamientos más tempranos, restos de cómo vivías de pequeño en tu interior. Guardas sólo algunos recuerdos, elementos dispersos, breves destellos de reconocimiento que surgen inesperadamente en ti en momentos aleatorios: suscitados por algún olor, el tacto de algo, o la forma en que la luz recae sobre un objeto en el presente de la edad madura. Al menos piensas que recuerdas, te parece recordar, pero puede que no recuerdes en absoluto, o sólo rememores alguna evocación posterior de lo que crees que pensabas en aquel tiempo lejano que ya está casi perdido para siempre."

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso texto el de Paul Auster. Te felicito por tu elección.

SATSUMA dijo...

Voy por la mitad del libro...y está genial!

lena alondra dijo...

hola hermosa! me emocionó mucho este fragmento de Auster, y también tus palabras y deseos con respecto a tu niñito y su vida en este mundo, ya que en su mundo actual dentro de ti, todo es maravilloso, cálido y no deja de sentir amor, seguramente sonríe cuando le hablan, le cantas y acaricias, todo lo siente, y uno quisiera que todo eso continuara durante toda su vida, pero, para eso estamos, tenemos una tarea ardua enseñándoles desde pequeñitos a superar las cosas que irán viviendo y no todas sean buenas en este mundo
pero a nuestro lado y durante mucho tiempo serán maravillosas :)

te mando un abrazo!

SATSUMA dijo...

Jo, muchísimas gracias Lena!!! ponemos tanta ilusión y deseos para nuestros pequeños.... (y eso que él aún no ha llegado!!)

un beso grande!