domingo, 22 de marzo de 2009

EL VEINTISIETE DE FEBRERO

He tardado un tiempo desde mi regreso del 27. He tenido que encontrar el momento y también he tenido que terminar el libro El pez dorado de J.M.G. Le Clézio para encontrar las palabras. Hoy comparto una pequeña parte con vosotros, no será la última, vendrán más fotos, música, historias...poco a poco.




"Las gentes de aquí, la gente que veo y la gente de las aldeas que no veo, pertenecen a esta tierra de la misma forma que yo nunca he pertenecido a ninguna. Hacen la guerra, algunos vienen a apoderarse de una tierra que no les pertenece, a cavar pozos en un lugar que no es suyo.
La gente de aquí (...) lo único que pueden hacer es luchar. Hay heridos, muertos. Las mujeres lloran. Algunos niños desaparecen. ¿Qué podemos hacer si las cosas son así?
Es aquí, ahora estoy segura. En el cenit, la luz es igual de blanca, la calle está igual de desierta. La luz hace llorar los ojos. El ardiente viento arrastra el polvo a lo largo de los muros. Para protegerme del viento y la luz, me he comprado una gran almalafa azul, como las mujeres de aquí, y me he envuelto en ella, dejando tan sólo una abertura para los ojos.
(...)
Al final de la calle, delante de la última casa, justo donde empieza el desierto, hay una anciana vestida de negro sentada en un taburete, delante de la puerta de su patio. su rostro no está oculto bajo un velo, es negro y arrugado, como un trozo de cuero viejo y quemado. Me mira acercarme, sin bajar los ojos. Su mirada, cortante como una piedra, parece tan vieja y dura como la amonita de Jean. Es una auténtica Hilal, pertenece al pueblo de la media luna.
Me he sentado junto a ella. Es bajita y delgada, apenas me llega al hombro, como una niña. La calle está vacía, desollada por el sol del desierto. Mis labios están secos y agrietados; hace un momento, al pasarme el dorso de la mano por ellos, he visto que me sangraban. La anciana no me habla. No se ha movido cuando me he sentado. Sólo me ha mirado: en su rostro de cuero negro sus ojos son brillantes y tersos, muy jóvenes.
No necesito ir más lejos. Ahora sé que por fin he llegado al final de mi viaje.
(...)
Ahora estoy libre, todo puede empezar.
(...)
Antes de irme, he tocado la mano de la anciana, lisa y dura como una piedra en el fondo del mar, una sola vez, ligeramente, para no olvidar."

2 comentarios:

Nuria dijo...

hermosas fotos, hermosa vivencia también

Anónimo dijo...

yava experiencia, no?
y qué guapa sales satsuma!!

bss!!

beatus_ille