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domingo, 24 de abril de 2011

FRAGMENTOS DE INVISIBLE



"Comprendí que me había equivocado de enfoque. El hecho de escribir sobre mí mismo en primera persona me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando. Me hacía falta distanciarme, dar un paso atrás y crear un espacio entre mí mismo y el tema (que no era sino mi propia persona).

Las horas se suceden despacio, y allí sentado, en la cuarta planta de la Biblioteca Butler, notas que la polla se te pone tiesa. Ahora siempre la tienes dura, continuamente, con la más firme de las erecciones, y a veces la tensión es tan grande que te levantas de la mesa, te precipitas por el pasillo al servicio de caballeros, y te la machacas en el retrete. Te das asco a ti mismo. Te sorprendes de lo rápido que cedes a tus deseos. Cuando te subes la cremallera juras que nunca volverá a suceder, que es exactamente lo que te dijiste hace veinticuatro horas. La vergüenza te persigue cuando vuelves a la mesa, y te sientas preguntándote si no te pasará algo grave. Concluyes que nunca te has sentido más solo, que eres la persona más triste y sola del mundo.

Deja la pluma, se rasca la cabeza, suspira. Espontáneamente, un olvidado versículo del Eclesiastés surge con estruendo en su conciencia. Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y entender las locuras y los desvaríos... "


P.Auster

miércoles, 23 de marzo de 2011

COPIO Y PEGO

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De El parpadeo eterno, K. Kalfus


Moscú, 1924

En un suspiro, todo se le vino encima: el resplandor del rincón del samovar, el peso percibido de la plancha para la ropa que estaba enfrente de la cama, la solidez de las sombras, Nadezhda, el buen y leal Bobkin estaba con nosotros cuando, el profesor Koievnikov, las Actas del Decimotercer Congreso del Partido, la Fenomenología del espíritu de Hegel, los planes de Stalin, dónde está Troski, la situación internacional, las cifras de la recolección del grano de, una película de variedades de París, Inessa en el, un dolor muy raro en, no grave, el bosque nevado al acabar el invierno, los muertos, el aroma de la sopa de champiñones, una carta a los polacos, reorganización de, cuando el conde murió, Obras Completas, el editor, Smolny, Smolny, Smolny, el gatito negro, advertir al Comité Central de, tantas cosas sin hacer, evitar el sentimentalismo a toda costa, la niñera Varvara, "estoy triste y estoy aburrido y no hay nadie que me eche una mano", ése es Turgueniev, argumentos decisivos contra, Kámenev y Bujarin nada fiables, Inessa muerta, posibilidad de levantamientos en, Meshcherryakov vino de visita y ¡nadie le dio de comer!, Stalin maquinando, yo le vi en la puerta, cómo, Alemania, aplasta al, mamá en San Petesburgo, los luteranos, tesis, antítesis, síntesis. El rugido en tus oídos como el océano, bastante predecible, y luego todo acabó, excepto la parálisis. Pero no es eso, no, todavía no. Koievnikov me ha encontrado el pulso. Todo, en sus aspectos esenciales, igual que antes: pienso, existo. A trabajar.



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